Intrigado a partir de una frase pronunciada por Tom Lupo en su programa de Radio Nacional (lo escuché casualmente mientras hacía zapping radial) y atribuida a Heráclito, la vez pasada paseé junto a mi hija Naty por la Feria del Libro (1) buscando algún libro de ese filósofo –de quien tenía vagas referencias desde Hegel y el marxismo– antes de averiguar en la internet que el tipo, por desgracia, no dejó ninguno para la posteridad, sino apenas unos fragmentos de aforismos recogidos por discípulos y sucesores.
La frase citada por Lupo es en realidad una pregunta que se habría hecho aquel tipo como cinco siglos antes de Cristo: “por qué permanecer y no arder…” Desde oírla hasta hoy, es mi lema de cabecera.
Y bien, para tener alguna noticia recurrí a la fuente de información internetiana más confiable: Wikipedia, en cuya introducción biográfica puede leerse que
Heráclito –conocido también como El Oscuro de Éfeso– vivió hacia comienzos del siglo V a.C. (544 adC-484 adC) (…), era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor. Como los demás filósofos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportaciones gracias a testimonios posteriores. (…) Es netamente aforístico. Su estilo remite a las sentencias del Oráculo de Delfos y reproduce la realidad ambigua y confusa que explica, usando el oxímoron y la antítesis para dar idea de la misma. Diógenes Laercio (en Vidas…, IX 1-3, 6-7, 16) le atribuye un libro titulado Sobre la naturaleza (περι φυσεως), que estaba dividido en tres secciones: ‘Cosmológica’, ‘Política’ y ‘Teológica’. No se posee mayor certeza sobre este libro. (…) Afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. Que el ente deviene, que todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.
Con relación al mencionado y perdido volumen y su autor, en el sitio oficial del filósofo –pongámoslo así– nos anoticiamos también que
compuso un libro de aforismos, que depositó en el grandioso templo de Artemisa Efesia. El tono oracular, lacónico e inclinado a la metáfora de estas reflexiones suscitará en Sócrates un famoso comentario: “Lo que he entendido es elevado, y elevado también parece lo que no entendí. Pero para descifrarlo todo habría que ser un buzo de Delos”. Condenados nosotros a tener de ese libro sólo unos pocos fragmentos sueltos, reconocemos en ellos un texto unitario e insólitamente inspirado. Conciso y radical, a la vez que flexible y abarcador en sus conceptos, agraciado por la originalidad del clásico y maestro en el manejo de la paradoja, lo que afirma es siempre sagaz y a menudo irónico.
No hizo falta más para despertar mi interés por este hombre de quien, como dije, sólo tenía aquella famosa referencia: “nadie se baña dos veces en el mismo río…” Primero, porque siempre me interesó particularmente la dialéctica de Hegel y, desde lo filosófico a lo político, de Marx. Segundo porque pocos días antes de hallar esta información había terminado de leer (por segunda vez) el nuevo libro de Stephen Hawking: La teoría del todo, donde el tipo se explaya sobre agujeros negros, el tiempo, el espacio y demás tópicos de su incumbencia y sapiencia. Un libro donde, entre otros tópicos, el autor responde sobre el cómo se originó el universo pero también se pregunta sobre por qué se originó el universo, lo que –como veremos más adelante– Hawking mismo considera materia de estudio para la filosofía más que objeto de análisis científico (en términos de ciencia dura, claro).
Lo cierto es que, para mi sorpresa, descubrí en este Heráclito (o Heraclito, sin tilde ni acento esdrújulo sino grave, como me gusta llamarlo. Parece más onda confianza, ¿no?) que aún antes, mucho antes que Einstein y demás, con muchísisma anterioridad a la física cuántica y a las matemáticas no eucledianas, a los agujeros negros y otras cuestiones casi insondables sobre las cuales recién hoy los científicos son capaces de enhebrar ciertas teorías más o menos coherentes y aceptables, había existido un hombre capaz de anticipar filosóficamente las leyes que rigen el devenir del universo (2).
Pongamos a juicio sumario, si no, algunos de los aforismos del filósofo preplatónico, perdidos con Sobre la naturaleza en el templo de Artemisa Efesia pero recuperados luego por sus discípulos, por autores cuasi contemporáneos (3) y por Wikipedia y otras webs para eterna gloria de su autor:
• Fuente del movimiento: es la lucha de los contrarios
Tal cual, contra el estatismo universal aceptado por milenios y con el que el propio Einstein llegó a fantasear, la física moderna considera que el movimiento del universo tiene su origen en la lucha de dos potencias contrarias: la fuerza gravitatoria y la velocidad de expansión. Según esta teoría, esta lucha garantiza que así será por siempre o al menos hasta el final de los próximos 10.000 millones de años, cuando dicho proceso se detenga y sea el comienzo del fin, cuestión sobre la cual el propio Héráclito nos advierte que conviene saber: “que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia”. Así también lo pone de manfiesto en los siguientes aforismos:
• Lo contrapuesto concuerda, y de los discordantes se forma la más bella armonía, y todo se engendra por la discordia
• De los contrarios, el que conduce al nacer se llama guerra y discordia; el que conduce a la aniquilación se llama concordia y paz
Cuando habla de la más bella armonía, ¿no se refiere al cosmos que tenemos ante nuestros ojos? Cuando lo hace de guerra y discordia, ¿no lo está haciendo acaso del big bang, del principio generador de todas las cosas, del espacio y del tiempo tal cual los conocemos hoy? Cuando nombra a concordia y paz como principio de aniquilación, ¿no nos advierte sobre las consecuencias que acarrearía el final de la mencionada lucha entre la atracción gravitatoria y la velocidad de expansión universal?
Continúo:
• Siendo el logos común, casi todos viven como si tuvieran un logos particular
Aunque muchos filósofos crean que “el logos equivale a inteligencia natural o inmanente”, como se postula en la web oficial de Heráclito, yo prefiero atribuirlo a algo más físico o concreto, si bien críptico para aquella época, que subjetivo: a la materia de la que estamos hechos desde el big bang y que condiciona nuestra visión de lo que nos rodea y al mismo tiempo de lo que somos parte indivisible; al devenir universal en los términos explicados precedentemente; al tiempo y al espacio conjugados repelentemente; en fin: al propio universo y a su flujo, del cual somos y dejamos de ser partes inmanentes a cada instante, con cada pulsación. A esa “razón universal que se manifiesta a quien mire con profundidad en el devenir de las cosas”, aunque para ello hicieran falta Edwin Hubble y posteriormente el telescopio homónimo, ¿no? Por eso subraya:
• Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene
El alma y el universo, el uno y el todo son para Heráclito una misma e indivisible cosa; si el universo (el logos) no tiene fin, pues tu alma tampoco. Hawking nos desasna al respecto cuando habla de la “condición de ausencia de frontera” del espacio-tiempo (apelo a tu predisposición a conseguir el último libro de SWH para no verme en la obligación de hacerte una larga y farragosa cita para explicar el entuerto (4)).
Prosigo:
• La armonía invisible es mayor que la armonía visible
En efecto, las teorías más actuales y aceptadas por los científicos respecto de cómo se constituye armónicamente el universo, hablan de una materia oscura y prácticamente invisible que lo conforma y que, para nuestra desgracia, es mucho más común y abundante que la materia visible y aún medible.
Por último:
• Lo mismo es viviente y muerto, despierto y durmiendo, joven y viejo; pues esto al cambiar es aquello y aquello al cambiar es de nuevo esto
“Nada se pierde, todo se transforma…” El dicho popular (si conocés o te acordás del autor, espero tu mensaje) parece tener al menos 2.500 años de antigüedad. Tanto uno como el otro confirman lo que Heráclito postula a priori: que al ser todo parte de lo mismo, no hay desperdicio. Estamos y vivimos todo y todos revolcaos en un merengue donde sólo la transformación constante nos mantiene con vida, donde nos reciclamos continuamente con, junto y dentro del cosmos. Existimos en y gracias a un eterno (¿eterno?) flujo de materia a escala local y universal. Por eso afirma en otro aforismo:
• Para las almas es muerte llegar a ser agua, para el agua es muerte llegar a ser tierra, y de la tierra nace el agua, del agua el alma
Como señalé en párrafos anteriores y ya quedó en evidencia, dio la casualidad (¿causalidad?) que días antes de oir a Lupo y de tal descubrimiento, había terminado con el último libro de Hawking: La teoría del todo, ni más ni menos que la reproducción de una serie de conferencias (no hay más datos sobre las mismas: ni cuándo ni dónde ni ante quién ni bajo qué circunstancias; presumiblemente ante estudiantes de astronomía y/o física de alguna universidad inglesa) en la que el tipo pretende resumir todas las teorías que al momento hay sobre el origen, presente y destino del universo, tal cual el subtítulo; muchas de las cuales él mismo ha formulado y difundido desde principios de los ’70. Allí, tras 137 páginas de cuestiones interesantísimas y asombrosas y otras menos que, para ser honestos, en realidad no entiendo en profundidad, en el penúltimo párrafo del libro Hawking comenta:
Hasta ahora, la mayoría de los científicos han estado tan ocupados con el desarrollo de nuevas teorías que describen lo que es el universo que no se han planteado la cuestión de por qué. Por el contrario, las personas cuya ocupación es preguntar por qué –los filósofos– no han sido capaces de mantenerse al tanto del avance de las teorías científicas. En el siglo XVIII, los filósofos consideraban que todo el conocimiento humano, incluyendo la ciencia, era su campo. Discutían cuestiones tales como: ¿Tuvo el universo un principio? Sin embargo, en los siglos XIX y XX la ciencia se hizo demasiado técnica y matemática para los filósofos y cualesquiera otros, salvo unos pocos especialistas. Los filósofos redujeron tanto el alcance de sus investigaciones que Wittgenstein, el más famosos filósofo de este siglo (aclaración obvia: SWH se refiere al XX), dijo: “La única tarea que queda para la filosofía es el análisis del lenguaje”. ¡Qué retroceso desde la gran tradición de la filosofía de Aristóteles a Kant!
se lamenta Hawking para quien la pregunta del millón, a saber: ¿por qué el universo tuvo un principio?, es materia opinable, de estudio y de debate para la filosofía, anque para la sociedad en su conjunto, en tanto la ciencia se muestra incapaz de responderla. Razón por la cual concluye con que
si descubrimos una teoría completa, debería en su momento ser comprensible en sus líneas generales por todos, no sólo por unos pocos científicos. Entonces todos seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué el univeso existe. Si encontramos la respuesta a ello, sería el triunfo definitivo de la razón humana, pues entonces conoceríamos la mente de Dios. (5)
Sin embargo, a pesar de la proclama en la que desemboca su libro, Hawking no hace una sola mención de quien, a mi parecer, conoció antes que nadie “la mente de Dios”: el susodicho Heráclito. Debieron pasar siglos, milenios y mentes privilegiadas como las de los ya mencionados Hegel y Marx, como las de Newton y –muy a su pesar– Einstein e incluso el mismísimo Hawking, entre otros (en fin: los “buzos de Delos” a los que premonitoriamente hace referencia Sócrates), para entenderlo, para discernir de entre el hermetismo heraclitano la verdad revelada, la inextricable cifra borgeana que, no obstante, el mismo Heráclito había develado desde el principio:
• Este cosmos, que es el mismo para todos, no ha sido hecho por ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre fue, es y será un fuego eterno y vivo que se enciende y se apaga obedeciendo a medida.
1. Todos en oferta-mesa-de-saldos, compré el único y buen libro de cuentos de Samanta Schweblin (recientemente premiada con el Casa de las Américas y de quien pronto espero publicar una entrevista en este blog): El núcleo del disturbio; la interesante biografía crítica de Christopher Hitchens La victoria de Orwell, sobre el escritor anarquista; Los días de pesca, un viejo libro de cuentos de Ana María Shua; Las puertas del edén, de Ethan Coen (uno de los hermanos guionistas-directores de cine), también cuentos; una novela titulada Lilim que sólo adquirí por el precio (3 pesos) y las tapas, y dos nuevos libros de Milcíades Peña sobre historia argentina: Industria, burguesía industrial y liberación nacional –en el que despedaza al inefable Abelardo Ramos– y El peronismo: selección de documentos para la historia –en el que hace lo propio con esa losa política y social del título (“ese cadáver insepulto”, dijo Altamira) pero con textos y discursos de los mismísimos Perón y Evita.
2. Sobre esta cuestión, anora ando con ganas de comprarme El camino de la realidad (Una guía completa de las Leyes del Universo), cuyo autor es un antiguo socio de Hawking: Roger Penrose, junto a quien investigó particularmente los agujeros negros hacia los ’70.
3. Para los interesados más allá de la red, pongo a consideración la bibliografía que proporciona Wikipedia:
• Carpio, Adolfo P. (2004), Principios de Filosofía, Ed. Glauco, Buenos Aires
• Eggers Lan, Conrado y Juliá, Victoria E. (Introducciones, traducciones y notas) (1978 (2ª edición 1986), Los filósofos presocráticos: Vol. I, Madrid: Editorial Gredos.
• García Calvo, Agustín (1985), Razón común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heraclito. Lecturas presocráticas II, Madrid: Lucina
• Heidegger, Martin & Eugen Fink. Trad. de Jacobo Muñoz y Salvador Mas (1986), Heráclito, (Título original: Heraklit. Seminar Wintersemester 1966-1967, Vittorio Klostermann, Frankfurt a. M., 1970). Ed. Ariel, Barcelona
• Ortega y Gasset, José. Edición de Paulino Garagorri (1981), Origen y Epílogo de la Filosofía, Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid
• Schöndorf, H. (2000), Heráclito, Hipólito y el tornillo batanero. Acerca del Fragmento 59 de Heráclito (D.-K), Nova Tellus 18
4. Tras subir este artículo, me puse a googlear la cuestión de “condición de ausencia de frontera” y descubrí que en la internet hay dos fragmentos del libro de Hawking que hablan sobre el tema y a los que podés acceder desde acá y desde acá.
5. La teoría del todo
El origen y el destino del universo
de Stephen W. Hawking
Traducción de Javier García Sanz
Ed. Sudamericana (Col. Debate) – Bs. As., 2008
Esta bitácora comenzó en 2006 y siguió hasta 2007 en Blogspot, pero consideré necesario dar el paso y hacerme de mi propio sitio. Acá estoy; este soy.
Ahora me conocés un poco más.
Platos rotos (entre la espada y la pared) - Mayares
julio 12th, 2011 el 1:16
[...] pasada envié un correo electrónico de actualización a cada una de mis relaciones con motivo del post sobre Heráclito. Uno de los destinatarios de dicho e-mail me respondió: “El país se incendia y vos delirando [...]
Yo, de Gustavo H. Mayares | Ediciones ZL
mayo 7th, 2012 el 21:07
[...] Cantidad de páginas: 132 Edición: 2010 Leer un adelanto en línea aquí [...]